Sara Arango

Sara Arango
Oakville, Canadá
19 años
Nacionalidad colombiana
Sheridan College, Trafalgar campus
Licenciatura en Artes plásticas
130 días sin asistir a la universidad

Los salones de clase han sido sustituidos por alguna mesa, escritorio, alfombra o cama. El bullicio de los pasillos, cafeterías y áreas de verdes, por voces que emergen de dispositivos electrónicos. Los abrazos, saludos y juegos, por el tacto de pantallas y teclas de computadoras.

Hogares donde los estudiantes de todo el mundo se resguardan del letal coronavirus, se han transformado en los nuevos centros de enseñanza, y el horario académico en vez de transcurrir en sitios diseñados para una colectividad, transcurren en espacios, reflejo de las circunstancias y gustos personales.

Desde una mexicana en Nueva York, hasta un ugandés en Krasnoyark, Rusia y desde ingeniería biomédica hasta enseñanza del arte, este  proyecto nos abre la puerta a la intimidad de los oasis de aprendizaje de estudiantes universitarios o de educación media superior, que estuvieron o están actualmente en confinamiento domiciliario por la pandemia de COVID-  19.

 

Varias veces cambié el orden de mi habitación durante la cuarentena en busca de la forma en que mejor pudiese aprovechar la luz natural, elemento indispensable para una estudiante de artes plásticas. Al final dejé mi escritorio junto a una gran venta que además de iluminar, me permite ver un árbol que se encuentra en el patio frente a mi habitación, esta vista me da cierta sensación de libertad.

Aunque realmente me fue difícil acostumbrarme a estudiar desde casa, estoy agradecida por contar con un escritorio adecuado para hacer mis pinturas y dibujos y a un costado, con una estantería donde coloco los materiales necesarios para cada clase.

Mi cuarto es bastante pequeño, pero me las he ingeniado para hacer funcionar el espacio con el que cuento, por ejemplo, los portafolios los tengo al frente de la cama, ya que no hay otro lugar donde ponerlos, pero a pesar de su tamaño, mi recámara es fresca y con mucha luz para estudiar.

Lo que más extraño de ir a la universidad, además de la interacción con mis compañeros, es tener frente a frente a los modelos, la ayuda personalizada de los profesores y los materiales y herramientas que solo se encuentran en la universidad.

Por otra parte, es agradable tener mayor tiempo para mí, para cuidar mi salud, además de que ahora gasto menos dinero, ya que en vez de comprar comida en la universidad, me basta con ir a la cocina y prepararme algo.